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¿Integrar o dividir? Logo-humanismo es integración.

Reconozco que la necesidad de integrar posturas o creencias opuestas me marcó y hasta, en aspectos claves, me define. Desde las diferentes y opuestas visiones políticas de mis padres, hasta la religión ortodoxa armenia con la que me educaron en el colegio y la educación católica que recibía en la Iglesia de mi barrio, paralelamente. Y más adelante, ya buscando mi propio estilo como profesional de la salud mental, naturalmente me encontré integrando la Logoterapia, el Análisis Existencial, y el Modelo Sistémico. Y de ahí nació la Logoterapia Vincular.


Entiendo que la integración es una búsqueda de algo nuevo, que valora lo que existe, lo reconoce y lo profundiza. Un plus, una riqueza que se apoya en las posibilidades por descubrir y en la creatividad. Harald Mori, querido amigo y colega, asistente personal de Viktor Frankl en Viena, fue quien me alentó diciendo que éste era el deseo del maestro: recrear y enriquecer su sistema.

Aceptar nuestra vida como misterio, con sus contradicciones, sus abismos y paradojas, nos lleva al tema de la maduración existencial. Todo un camino que busca dejar una huella sólida, nueva, original y posible. El intento cotidiano de buscar encontrarnos, superando diferencias y posturas extremas. Ya Platón señalaba que la salud pasa por “el término medio”.

El Análisis Existencial apela a lograr una vida consciente, responsable, significativa, que pueda lidiar con las contingencias propias de nuestra humanidad: muerte-finitud, libertad-responsabilidad, soledad-coexistencia, encuentro-desencuentro, vacío-sentido, incertidumbre-asombro, apatía-esperanza.


Por todo esto, me reconforta enormemente cuando una pareja resuelve sus contrariedades acercándose más uno al otro. O cuando una familia reconoce el valor de la diferencia y promueve el crecimiento y la autonomía de cada uno de sus miembros. Una vez más, podemos percibir la metáfora del “puente” como símbolo de esos espacios que pueden recorrerse para acercarnos a un punto equidistante y dialogar cara a cara. El punto de encuentro, el eje vincular.


Veamos algunos de los paradigmas posmodernos que nos atraviesan hoy en lo personal-familiar-social. Desde el microcosmos al macrocontexto.


El concepto de era post-digital (K. Cascone, 2002) define un nuevo escenario (una vez que lo digital ya deja de ser lo novedoso y admirado) en el cual lo auténticamente humano (atributos personales como la empatía) es lo que hace la diferencia. Ya pasamos por un tiempo en el cual la ilusión se apoyó en la automatización y la digitalización de procesos (tecnología), pues ahora se ven y se sienten los baches y los interrogantes en el aspecto humano y ético. El escenario social actual, hasta incluso el de la economía (algunos hablan de una economía del conocimiento), clama con urgencia por una vida más humana. Se siente acercar un Nuevo Humanismo que me gustó llamarlo Logo-Humanismo.

“El cuidado del ser”, diría Heidegger.

Y para cuidar al ser debemos reconocer un factor a superar y desterrar, que tiene que ver con el sentido de la post-verdad en el plano macro: de nuestra sociedad, para llevar el análisis y la autocrítica a la dimensión micro: del íntimo mundo familiar. ¿Por qué es tan necesario ver la atmósfera enrarecida que nos rodea?


Parece ser que hoy se expresa el paradigma del “tener la razón”, más allá de la “verdad”. Todo un planteo que intenta derrumbar la ética de quienes creemos que “la verdad nos hará libres”, que “sobre la verdad se construye la vida”. Es necesario identificar los elementos que están influenciando el pensamiento de nuestra sociedad, para poder elegir cómo queremos pensar y cómo queremos educar a nuestros hijos y a nuestros jóvenes, en el marco de cuáles valores humanos pretendemos vivir. Intentemos pensar con pensadores actuales:


John Tooby, Prof. De la Universidad de California, manifiesta: “El éxito en la resolución de problemas requiere juntar toda la información verdadera relevante disponible, pero los investigadores han demostrado que los sujetos recuerdan los buenos argumentos de su lado y los malos argumentos del oponente. El valor de la verdad solo debe ser un factor en la medida en que sea demostrable públicamente de forma inminente y, por lo tanto, al abrazar los errores corre el riesgo de ser desacreditado. La epidemiología del relativismo debería rastrear la estimación implícita de cómo les iría a los reclamos centrales de coalición si se evaluaran objetivamente. La polarización y el aumento de la identificación con la coalición deberían asociarse con una reducción de la búsqueda de la verdad.


También Jonathan Haidt, en su libro “The Righteous Mind” señala que: “Los juicios morales no surgen de la razón, sino del instinto, lo cual nos impide escuchar y entender a nuestro adversario y convierten el debate público en un griterío en el que todos tenemos razón. La verdad más básica de la psicología social es el proverbio beduino que dice: “yo contra mi hermano. Mi hermano y yo contra mi primo. Mi hermano, mi primo y yo contra el forastero”. “Cada vez que hay una nueva tecnología de diseminación de la información, desde la imprenta a la televisión, la televisión por cable, Internet o las redes, cambia el equilibrio de las relaciones sociales y se forman grupos de maneras más nuevas y más rápidas. Somos muy propensos al tribalismo y a creer cualquier cosa que nos haga a nosotros buenos y a los otros malos, e Internet y las redes sociales han permitido a la gente que crea cualquier cosa horrible sobre el adversario. Esto contribuye a crear un odio y miedo hacia el otro lado, a desarrollar una cultura emergente que a veces llaman la post-verdad. No tenemos buenas formas de limitar o examinar información que se extiende rápidamente”.


Hay que trabajar con nosotros mismos y con la gente para que renuncie a las afiliaciones tribales, aprender y enseñarles a conceder el beneficio de la duda, la capacidad para hablar con quienes consideramos que son nuestros opositores, con quienes son diferentes. Si logramos esto, entonces la multiculturalidad la viviremos como una verdadera bendición. Pero si no, solo seguirá trayendo más sospecha mutua y odio, desconfianza y recelo.


¿Cómo se expresan las discusiones, los conflictos entre las personas, las controversias en tiempos de la posverdad? En este contexto, no cabe duda que expresan más la lealtad a un grupo intelectual que la posibilidad de intercambiar ideas.

Por todo esto, una vez más podemos privilegiar el lugar de la familia como matriz de los primeros aprendizajes vinculares. Cuando los niños crecen en un clima afectivo de respeto, diálogo, debate y pensamiento crítico, salen con este bagaje al mundo externo. No alcanza con educar brindando ideas, hay que acompañar para analizar esas ideas, filtrarlas, compararlas con otras, y decidir con responsabilidad cómo aplicarlas para el bien común. “El cuidado del nosotros”, diría Binswanger. Y nosotros con él.



Por: Analía Boyadjian.

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