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Actualizado: jun 3

“Tiempo de Logoterapia y Sistémica”.

En época de cuarentena social.


El mundo ha gritado con fuerzas. Lo viene haciendo hace mucho tiempo… ¿O la vida? Y no supimos escucharlo.


Hoy se vislumbra la necesidad de nuestra respuesta. Una respuesta desde la familia universal. Porque estamos el desafío es grande: reclama un cambio estructural para modificar ciertos paradigmas.


Ideas que cayeron por su propio peso. Acciones estériles que no germinaron. Palabras vacías. Corazones secos. Y frente al desierto que arrasó con tanto, vemos el desierto que nos invita a encontrarnos, que nos ofrece nuevos espacios y un tiempo nuevo. Y con esto, un rumbo que surge de la búsqueda de “sentido”. Intuiciones, tal vez, que se tornan evidencias…


La naturaleza busca su propio orden (tan interrumpido y vapuleado por el hombre) y parece que intenta virar hacia el equilibrio. Nos basta con el ejemplo de la reducción de los niveles de contaminación, la claridad y transparencia que cobraron las aguas del mar en Venecia, o los ciervos en el sur argentino caminando por lugares que antes estaban destinados a los pasos humanos solamente. Un espectáculo bellísimo que nos regala la tierra en un momento límite, y que nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo.


Hoy asoma una perspectiva de incertidumbre e imprevisibilidad más fuerte que antes, y produce inestabilidad, angustia y desorientación. En los ejemplos que presentamos recién, la naturaleza parece respirar del acoso humano, mientras que el ser humano se aísla y padece. El imperativo de la interdependencia se pone sobre el tapete, con sus contradicciones. La teoría Sistémica, como un modo de pensar el caos y la complejidad, se hace escuchar con más fuerza: entendemos al mundo como un todo. Y es muy claro que necesitamos acordar en una imagen compartida de un futuro más sano. ¿Y por qué requiere un trabajo en común?


El efecto mariposa nos indica la interdependencia que tenemos unos con otros. Y se corrobora la visión de conjunto, en la cual todo lo que ocurre o se expresa se encuentra en relación e influye en el sistema.


Hasta aquí, pensando en y desde esta cuarentena mundial por el coronavirus 2019/2020, hemos llegado de la mano del paradigma del individualismo. Y, por obra de esta pandemia, necesariamente estamos transitando una puesta entre paréntesis de lo conocido que puede desembocar en una necesaria transformación hacia la nostridad.


Cuando observo lo que ocurre en una familia, como psicóloga sistémica o logoterapeuta vincular, evalúo en primer lugar la situación que presentan con una visión holística, prorrateando la responsabilidad de la calidad vincular o del clima familiar entre todos los miembros. Del mismo modo, éste hoy parece concentrar su objetivo en hacernos tomar conciencia de que todos somos responsables de lo que acontece, incluso lo que ocurre en el otro lado del mundo (como el efecto mariposa).


Así como trabajamos, desde la clínica personal o vincular para que los pacientes se asuman y tomen conciencia de su injerencia en la respuesta del otro, para lograr responsabilidad y calidad en las interacciones. Y se producen grandes aprendizajes en tanto logran revelar el efecto de los pequeños gestos cotidianos: una mirada de afecto, una palmada en el hombro, un silencio oportuno o una palabra de aliento.


Este es un hoy que nos propone volver al elegir: desde nuestra libertad con responsabilidad, para reconocernos como parte de un todo. Todos podemos generar bienestar o malestar, orden o caos. La decisión sigue siendo nuestra, sea cual sea la situación que la vida nos presenta. Estos pivotes de la Logoterapia nos recuerdan que tenemos que elegir el mejor modo de integrarnos, desde una axiología que considere el mejor valor.


Esta crisis mundial nos coloca del lado de la posibilidad de ser mejores, de experimentar una toma de conciencia que nos ubique como protagonistas del cambio. Cambio personal, que entre tantos, gesta un cambio de paradigma. Paradigma vincular, social, mundial. Y se aprecia el monantropismo del que hablaba Frankl. Esa idea, casi siempre utópica y hoy no tanto de Familia universal. Recordemos una de sus tantas ideas clave: “La única posibilidad de que la humanidad sobreviva es la del encuentro de todos los pueblos en una tarea común”.


Pienso que la tarea común puede comenzar por el intento de sanar nuestras heridas, para lo cual es necesario confiar. Y buscar, como errantes que somos, la paz. Plantar la paz para que el diálogo sea posible y fructifique en obras que atesoren la vida desde el buen amor.



LOGO-HUMANISMO

Silencio que invita a renacer. Silencio inspirador.

Quietud efervescente que detiene el tiempo. Quietud que llama.

Pensamiento anaranjado. Pensar que reclama, que necesita verdad.

Verdad que se gesta en lo profundo del alma.

Es un tiempo bueno, hacemos un tiempo nuevo: con sentido y amor.

El nuevo humanismo nos está esperando.

Analia Boyadjian

12/4/20. Cuarentena


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